Concebir a la educación como una herramienta de transformación cognitiva individual, que se gesta en el colectivo social y que puede provocar cambios sustanciales en la sociedad, implica dar un gran valor a los hechos educativos para una sociedad cuya organización torna en relación a la democracia.

La tecnología, en la actualidad, atraviesa a cada singularidad, aún la de los más marginados. Provocando la construcción de subjetividades que sostienen la desigualdad característica del sistema capitalista.

Durante la historia del mundo, pero, en particular la de Argentina, la forma en que nuestros pueblos se organizaron varió entre democracias y dictaduras. Alianzas entre partidos políticos, entre sectores institucionales, entre el poder real y las fuerzas armadas. Alianzas que, en la mayoría de las ocasiones, dejaban por fuera al pueblo.

Si la más básica definición de democracia postula a una forma de gobierno en donde el pueblo se expresa y elige a representantes de sus ideas, debemos reflexionar que lo ocurrido en la época de las ultimas dictaduras cívico militar, sigue pasando, pero, con otras estrategias. Golpes de mercado, destituciones de presidentes y presidentas, intervenciones del poder/partido judicial, son algunas formas que tiene el poder real de expresarse hoy.

Así como el poder real sigue manejando los hilos de cuánto pan se pone en nuestras mesas, también el pueblo busca sus formas de expresarse, el pueblo que es mucho más que “la gente” sigue llenando calles, paredes, instituciones y busca que su voz sea escuchada en las plazas, en las villas y en los barrios.

La voz del pueblo, que tarda en organizarse, que recorre pasillos de villas, de escuelas y hospitales, empresas y fábricas, esa voz que se queja en el almacén de la inflación, siempre buscó ser oída. El arte siempre fue una forma de expresión, una molestia para el poder real y los políticos de turno (machos alfas con traseros atados a sillones de rueditas)  

El arte fue y es una herramienta de los sujetos para salvarse, esconderse y reparase del mundo y el arte fue, es y será un acto de resistencia.

En la actualidad, cualquier expresión es comunicada al infinito virtual, a través de redes y construida usando a la tecnología como herramienta de captar la atención. Así como los que acumularon dinero y medios de comunicación, así como ellos son capaces de contrataran personas que desprestigian, desinforman  y manipulan la opinión pública, así también el pueblo toma la tecnología para alzar su voz.

En Argentina, este año, el 2023, hay elecciones presidenciales. Los frentes políticos tejen sus alianzas y es fundamental que entre tantos “tejes y menejes”  la democracia se fortalezca para eso, hoy quizás más que nunca, el pueblo debe alfabetizarse digitalmente para provocar que su voz llegue rápido antes que los discursos que lo callan, que lo alienan. LA imagen debe convocar al pueblo.

Necesitamos tecnologías innovadoras que proporcionen herramientas que incluyan a los que quedaron por fuera por eso la alianza entre el arte y la tecnología deben ir de la mano. Expresión popular dibujada, escrita, cantada, editada, difundida a miles en un segundo y nunca más silenciada. En esa alianza vital entre arte y tecnología, la educación es el medio para potenciar a cada una. Espacios educativos formales y no formales que permitan la expresión popular a través de la apropiación tecnológica se convierte hoy en el camino para resistir los avatares de los ataques a la democracia, pero, también, es el camino para expresar, crear y comunicar ideas que permitan que la voz popular sea representada.





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